jueves, 21 de junio de 2018

De la multimedia a la transmedia

En 2004, la Universidad Diego Portales (UDP) decidió cerrar su recién inaugurada Escuela de Comunicación Multimedial, basándose en un estudio de mercado que concluyó que no habría campo de trabajo para los profesionales egresados. Los hechos han puesta en evidencia el enorme error cometido y la pérdida de una oportunidad única para ser pionera en este campo. 

Desde 1995, año en que la web se abrió definitivamente al área comercial y a todo quien quisiera crear un sitio web, la capacidad de los navegadores para combinar las formas de expresión tanto verbales como visuales creció y se perfeccionó vertiginosamente, lo cual había llevado al equipo del Centro de Estudios Mediales de la UDP a diseñar un curriculum de formación de profesionales expertos en contenidos multimediales. El surgimiento de las redes sociales y de los smartphones, justamente después de 2004, demostró aún más la importancia y el gusto del público pour los mensajes mixtos.
Pero los avances de la tecnología han llevado a nuevas formas de comprender la multimedia, primero hacia la adaptación de las formas al tipo de receptor (que un mismo contenido pueda ser visualizado en un PC o en un smartphone) y ahora a la posibilidad de seguir viendo (o escuchando) el mismo contenido pasando de una forma de recepción a otra: es la "transmedia". Una historia podría empezar en una nota de prensa, seguir en un breve video y luego en un documental de televisión (también visible en el smartphone), con la posibilidad -además- de comentarlo, porque uno de los objetivos de la narrativa transmedia es justamente de involucrar más a la audiencia. Para ser "transmedia", se ha convenido en que un contenido debe distribuirse (completarse) al menos en 3 plataformas.
Pero, además, el "storytelling" es una parte significativa de la transmedia, lo cual requiere aportar historias de valor, que capten el interés tanto por el contenido como por la forma e inviten a la "transnavegación". La transmedia requiere por lo tanto una capacitación en múltiples campos, desde el arte narrativo hasta las artes visuales, así como la programación de sistemas interactivos. Habrá que dominar las nuevas narrativas 4D (video en 360° con desarrollo temporal), la realidad aumentada, el "scrollytelling" (infografía con "walk through"; un buen ejemplo aquí), etc.
Jeff Gómez, experto en esta técnica y director de diversos proyectos transmedia para Coca-Cola y Disney, enumeró ocho claves que se pueden encontrar en este artículo sobre el tema.

Otras referencias:
"Periodismo Transmedia. La narración distribuida de la noticia", del equipo de investigación de la Universidad Nacional del Comahue, Argentina (eBook aquí). "Narrativas transmedia", de Carlos Alberto Scolari (Universitat Pompeu Fabra, Barcelona)Editorial Deusto (eBook aquí).

jueves, 31 de mayo de 2018

Enseñar para mañana

Este es sin duda el principal - y más importante - desafío para los docentes de hoy, especialmente en la educación superior. Algunos dicen que esta requiere un "cambio de paradigma", debido a las tecnologías y a la globalización.

"No puedo enseñar lo que me enseñaron. Está obsoleto." declaró hace poco un profesor universitario. Esto, obviamente, no se aplica en todos los campos. Numerosas materias solo pueden entenderse y desarrollarse recogiendo las enseñanzas del pasado. Pero, aún así, las formas de abordarlas sin dudas se ven afectadas. Con las nuevas tecnologías de comunicación, toda enseñanza y todo aprendizaje dependen de nuevos métodos de enseñanza.

Si internet ha sido en gran parte el causante de las "dificultades" de hoy, ligadas a la rapidez con que han evolucionado no solo la tecnología de los soportes de información sino también de la difusión de los avances de la ciencia, ofrece al mismo tiempo el medio para que los docentes se mantengan "al día" en relación a tales avances y para que introduzcan en ellos a sus alumnos. En cierto modo, hoy, deben aprender junto con sus alumnos, y esto implica un un cambio radical en la forma de enseñar. 

Las consecuencias son múltiples, empezando por la necesidad, para el docente, de asegurarse de estar "bien informado" y de seguir de cerca no solo de lo más novedoso que se produce en el campo de su disciplina sino de lo que ahí se proyecta para el futuro. Esto, a su vez, tiene una triple consecuencia: 1. saber recoger y conservar la información (tener una base de datos personal), de suficientes fuentes relevantes (las que debería conocer por su formación anterior); 2. tener tiempo para ello (a pesar de las presiones institucionales para "producir"); 3. hacer parte de su observación textos de prospectiva tanto en su disciplina como en disciplinas afines y de consideraciones generales sobre el futuro (como la obra de Mishio Kaku "La física del futuro"), algo que fue muchas veces despreciado en el pasado, según mi experiencia.

Esto último me parece esencial, porque "formar para mañana" obliga a adelantarse en todo lo posible. Si formamos solo para ejercer la profesión tal como se requiere hoy, lo cual es sin duda necesario, estaremos frenando el desarrollo personal y las posibilidades futuras de nuestros alumnos. Debemos enseñarles la misma metodología que hemos de aplicar a nuestra propia actualización: ser vigilantes ante los movimientos innovadores y asegurarnos que dominen las bases sobre las cuales construir nuevos procedimientos. La inquietud y la curiosidad, ordenadas y encausadas, son virtudes imprescindibles para los nuevos profesionales (¡y sus profesores!).
Esto no quita, muy al contrario, la importancia de enseñar los fundamentos de cada disciplina, pero esto puede requerir una visión renovada: más que recurrir a textos "clásicos" o a una simple revisión histórica, abordar estos con una visión analítica y sistémica (vea, como ejemplo, mi texto "Sistémica de los medios de comunicación").

Y no se puede olvidar la necesidad de reforzar (o formar) el correcto sentido crítico así como los fundamentos del pensamiento científico... ¡y también las bases del pensamiento creativo! En otras palabras, enseñar "los mecanismos del pensamiento" (esencial en la universidad, si no se ha hecho antes). "La educación del futuro apuntará, más que a la adquisición de conocimientos fragmentados o técnicos, a profundizar el conocimiento de lo humano en contexto, y a aceitar los mecanismos de comprensión" dice la argentina Verónica Abdala (Revista Cabal, marzo 2014). Desarrollar proyectos, explicitando los fundamentos de las soluciones propuestas, podría ser un excelente método, según Casanova y Bazarra, el método más "completo y versátil" que "permite integrar de manera natural a los demás", al cual se parecen también el "design thinking" (empatizar, definir el problema, idear, prototipar, aplicar y evaluar), que surgió en los 70 en la Universidad de Stanford, y el aprendizaje basado en problemas. (El Mundo, 08/09/2016). ¡El método de la clase magistral está definitivamente obsoleto!

jueves, 1 de febrero de 2018

La comunicación como aprendizaje

Los educadores no siempre se acuerdan de ver su labor como una labor de comunicación y de reflexionar sobre ella desde este punto de vista, como ordenan las Ciencias Cognitivas. El fenómeno de internet y los múltiples problemas que enfrentan, sin duda, con alumnos más interesados por las redes sociales y contenidos accesibles con sus celulares que por sus clases, sin embargo, les está llamando la atención en la dirección correcta y les obliga a repensar sus métodos de enseñanza.

Pero en el campo de los medios de comunicación existe mucho menos conciencia de que también son un medio de aprendizaje e incluso uno muy poderoso. Y este poder se ha incrementado con el fenómeno de la "personalización", que ajusta cada vez "mejor" los contenidos enviados a los intereses y gustos de los destinatarios. Así, en un efecto "bola de nieve", consumiríamos cada vez más lo que coincide con nuestras propias opiniones y desconoceríamos las opiniones y argumentos diferentes.

Las redes sociales parecían inicialmente facilitar la difusión de opiniones diversas, pero se está observando un movimiento inverso con los sistemas de análisis de datos personales. Los usuarios de redes sociales, en vez de encontrar opiniones diversas, son guiados ahora hacia informaciones que responden a lo que les gusta y a lo que expresan dentro y fuera de la red. Como lo señalaba M.Costabal, “la espontánea y fácil agrupación de personas en estas redes sociales tiende al abundante desarrollo de pequeñas comunidades virtuales de intereses afines y puntos de vista muy similares al interior de cada una de estas” (El Mercurio, 24/05/2011). Con los medios sociales el balance, los contrapesos, los intercambios de opiniones diferentes tienden a disminuir y, con ello, la aparición y desarrollo de la sabiduría popular o “sabiduría de masa” se ve afectada, como ha sido señalado por Brandon Keim sobre la base de los experimentos de Jan Lorenz y Heiko Rahut en la universidad tecnológica ETH de Zurich (Suiza): “el conocimiento acerca de las estimaciones de los demás reduce la diversidad de opiniones hasta tal punto que socava la sabiduría colectiva” (Wired, 16-05-2011). Se forman las llamadas redes “asortivas”, término que hace referencia a la capacidad de los nodos de una red para agruparse con nodos parecidos a ellos, cada vez menos conectados y menos abiertos a un pensamiento diferente. Y esta situación está alterando la estructura de las relaciones a nivel mundial.

El tema de la personalización no puede ser tratado al margen del tema de la vida social, del bien común. Se trata, en esencia, de un tema de ética de las comunicaciones, algo que – desgraciadamente – parece ser ignorado por la concepción actual del mercadeo digital, influenciado por la fe ciega en la “objetividad” de los algoritmos. Y si esto ya es éticamente cuestionable, no olvidemos lo fácil – y perverso – que es introducir en un algoritmo un pequeño factor que favorezca (invisiblemente) los intereses de una empresa o una facción política. ¿Tenemos realmente acceso a lo más significativo y lo más beneficioso (para nosotros y para la comunidad)? ¿O solo a lo que algunos parecen preferir y a lo que los creadores de algoritmos creen más “adecuado” o más “representativo” para nosotros - o ellos mismos - según sus propios (y desconocidos) criterios? (Vea mi libro "Algoritmos, grandes datos e inteligencia en la red").

Otra aspecto de las comunicaciones digitales es el de sus consecuencias en el mismo cerebro. La lectura en móbiles es muy diferente de la lectura de impresos. Se le da menos tiempo, ocurre muchas veces en ambientes que no favorecen la concentración y parece responder también a intereses más específicos. Y muchos “e-diarios”, tratando de ajustarse, incluyen enlaces (hipervínculos) que interrupen o redirigen cada vez más la lectura. Se fragmenta la lectura, siguiendo una nueva regla para toda información disponible en internet. Así, el “alimento” digital de la mente pasa a ser fragmentario y el lector debe posponer el esfuerzo de reflexión para cuando haya acumulado los múltiples fragmentos que respondan a su criterio de búsqueda1. Pero la lectura rápida pasa a ser la conducta primordial, en reemplazo de la lectura profunda que pasa – de este modo – a ser un  recurso “de segunda línea”, lo cual – evidentemente – también conduce a pensar de otra manera.
“Docenas de estudios a cargo de psicólogos, neurobiólogos, educadores y diseñadores web apuntan a la misma conclusión: cuando nos conectamos a la Red, entramos en un entorno que fomenta una lectura somera, un pensamiento apresurado y distraído, un pensamiento superficial.” (Carr, p.143)
Otra consecuencia es que a medida que aumenta la información disponible en la red y que mejoran las tecnologías de procesamiento de datos junto con las herramientas para buscarlos y filtrarlos tenemos cada vez menos necesidad de memorizar esta información. Con horas y horas conectados, utilizando cada vez más los buscadores para recopilar información, se fortalecen nuestros circuitos neuronales dedicados a explorar, filtrar y realizar múltiples tareas, pero ésto perjudica nuestra capacidad para pensar profunda y creativamente, para deliberar y razonar frente a un problema. Dada la plasticidad de nuestro cerebro, nuestros hábitos online reverberan en el funcionamiento de nuestras sinapsis cuando no estamos online (Carr, p.174).

¡Lo peor del efecto de aprendizaje de las comunicaciones digitales es la alteración de los cerebros!