En 2016, la prensa se hizo eco de la fabricación, en la Universidad Leibniz de Hannover (Alemania), de un brazo robótico "capaz de sentir dolor". Tiene un sensor sensible al calor, que genera una reacción de evitación si el calor puede producirle daño. En otras palabras, se mide la temperatura y se ordena un movimiento si supera cierto umbral. Pero no es una operación psicológica sino puramente física, llamada técnicamente "nocioceptiva" (Fajardo, pp.122-123). Es una operación automática preprogramada, semejante al reflejo que tenemos nosotros al acercar la mano al fuego (y la reacción física ocurre antes de la toma de conciencia). Este tipo de operación se implementa en los robots - no tendría objeto en una IA en un centro de computación - y, aunque estos robots pueden estar dotados de IA, no corresponde a una operación propia de la inteligencia. Acoplar sensores físicos, como en el caso del brazo robótica antes señalado, no cambia la situación: recogería una medición física, no una experiencia mental. Pasar de la nociocepción a la experiencia de dolor supone superar un umbral: evaluar la información para tomar una decisión, optar por un plan de acción que vaya más allá de la mera reacción automática inmediata. Esto podría formar parte de la preprogramación de un robot, por ejemplo no solo desviarse si choca con algún objeto mayor que él sino, después de registrar la información, modificar sus planes para acciones futuros. Esto tendría un parecido con la experiencia y la función del dolor, pero el dolor supone la conciencia de la propia identidad y éste es un tema sujeto a otro debate. Como dice sabiamente Fajardo, "El beneficio del dolor se encuentra en lo que hace en los organismos, más allá de cómo ellos lo sienten, viven o padecen" (ibidem, p.90). Llamarlo o no dolor, en el caso de los robots, es irrelevante. La IA del robot podría referirse a esta experiencia y justificar su cambio de plan hablando de dolor, pero "conoce" el dolor exclusivamente por lo dicho en las fuentes que consulta.
El dolor se incluye algunas veces en la lista de las emociones. Pero tiene tal peculiaridad que debemos tratarlo, en este caso, por sí-mismo, como un caso especial.
"Dolor alude a cualquier experiencia física o mental desagradable para el que la sufre. (...) Es sinónimo de sufrimiento, angustia, tribulación, adversidad o congoja." (Lewis)
Es "una sensación bruta", que surge en la vida mental (Fajardo, p.24). Muchas emociones pueden ser compartidas, pero no es el caso del dolor, especialmente porque resulta casi imposible traducirla en el lenguaje. Existen más de 60 términos para describir sus cualidades según el Cuestionario del Dolor de McGill (del nombre de la universidad canadiense donde se desarrolló para facilitar la comunicación entre los médicos y sus pacientes (ibidem, p.26). "Resulta tan individual y solitario como la plegaria o el sueño." (ibidem, p.18). Es desagradable y puede interrumpir el flujo de nuestros pensamientos, dependiendo de su intensidad y de nuestro estado mental general y, de todos modos genera una reflexión y diversos pensamientos (especialmente la búsqueda de su causa y del modo de remediarlo).
"La capacidad de experimentarlo funge como una estrategia de protección o conservación corporal que contempla numerosas variables medioambientales. Va más allá de la respuesta fija, automática y refleja que ofrece la capacidad de detectar daño." (ibidem, p.120)
A futuro se proyecta llegar a sistemas híbridos que permitan a una IA "sentir" dolor también de otro modo:
"Cortical Labs ha desarrollado un sistema que combina neuronas cultivadas en laboratorio con hardware de silicio y permite explorar aplicaciones que van desde la neurociencia y la modelización de enfermedades hasta la robótica y la inteligencia artificial. (...)
Permite a los usuarios interactuar directamente con las neuronas, enviar señales eléctricas como entrada e interpretar en tiempo real cómo responden las células. (...)
Como las neuronas se obtienen a partir de muestras de donantes, pueden reflejar rasgos genéticos y permitir así que los científicos estudien cómo responden las células a distintos tratamientos en un entorno controlado." (Min)
Así, sería teóricamente posible investigar la respuesta al dolor y los tratamientos para mitigarlo. Podría ser una forma inteligente pero, aún así, sería difícil considerarla como una experiencia mental similar a la humana. Y un complemento extraño: para el ser humano lograr que el dolor desaparezca produce placer (Fajardo, p,103). Dudo que un robot pueda llegar a "sentir placer" al resolver la situación que podría calificar como dolorosa.
Referencias
Fajardo, D.: Carne doliente, Ariel, 2025.
Lewis, C.S.: El problema del dolor, Harper-Collins, 2006 (Original de 1940).
Min, R.: Una startup utiliza neuronas humanas para alimentar un centro de datos, Euronews, 4/04/2026.

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